Año: 2, 1960 No. 19

Capital y Trabajo

Por el Ing. M. F. Ayau

En el análisis de los problemas económico sociales, es común considerar los factores Capital y Trabajo juntos. Se analizan problemas de producción, distribución de riqueza, etc., tratando de compaginar los factores capital y trabajo. La administración burocrática gubernamental se ocupa de conciliar intereses entre el capital y el trabajo. Los marxistas insisten en la inexorable lucha entre el capital y el trabajo.

Se ha generalizado la creencia de que el capital sólo puede beneficiarse sacrificando a los trabajadores, y lo mismo en el otro sentido, que los trabajadores sólo podrán prosperar a expensas de los patronos. y de allí nacen las luchas sociales entre el trabajo y el capital. Los trabajadores, muchas veces con poca preparación para profundizar sobre estas cuestiones, luego se convencen de la parte que es obvia: un aumento de salarios le resta utilidad al patrón, y por eso creen cierto que el bienestar de los trabajadores únicamente puede resultar del sacrificio de los intereses patronales, y que, por lo tanto, los, patronos no desean en lo más mínimo mejorar las condiciones de loe trabajadores sino, por lo contrario, se interesan mas en seguirlos explotando.

Es lamentable que estos conceptos, que como veremos son completamente infundados, se hayan generalizado al grado de causar tanto daño a la humanidad. Y es de deplorarse aún más, que hoy día existan personas interesadas en propagar este espejismo destructivo que tanto daña a las mismas personas a quienes se pretende beneficiar.

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El capital no es un grupo de personas. Es trabajo ahorrado por alguien que produjo bienes o servicios, quien fue remunerado en una cuantía mayor a sus necesidades de consumo por las personas que obtuvieron esos bienes o servicios, y que por lo tanto pudo ahorrarlo. Desde luego, hay capitales en manos de personas que se lo robaron o a quienes se los regalaron, o que lo heredaron; los robos deben evitarse mediante sistemas penales efectivos, los regalos y herencias son actos voluntarios de los que a través de servir a otras personas lograron acumular lo que no consumieron, y estas excepciones no alteran el tema que ahora tratamos, pues como digo, son excepciones.

Lo que es en término generales un hecho, es que el capital es trabajo (físico o intelectual) ahorrado. Al dueño de ese capital Ilamémosle Capitalista, que en un sentido más amplio es aquel que posee bienes de capital, tal como una casa, una pala, o un martillo; es decir, alguna cosa que proviene del fruto del trabajo no consumido, y que se utiliza para producir mayor número de bienes o que en sí aumenta el valor de los haberes, en cuyo caso es una forma de ahorro, fruto de trabajo no consumido, o como ya dijimos, capital.

Obvio será que no podamos progresar sin capital y que casi todas las personas son capitalistas. Cabalmente, lo que más necesitan los países subdesarrollados es capital para aumentar su productividad; evitar consumirse toda la riqueza que producen, para lograr ahorrar, o formar capital.

El conflicto nace de la desigualdad en la distribución de la riqueza ahorrada. A las personas que tienen mayor cantidad de riqueza, los han dado en llamar capitalistas. Los que tienen menos desde luego comparan su situación con la de aquellos, y como es natural, no están conformes. De allí que las propuestas para redistribución o aún para poner todo el capital en manos del estado logra popularidad, pues en esa forma el capital sería de todos por igual; en esas condiciones se supone que tendría que desaparecer la inconformidad.

Pero en todo orden de acción humana, unas cosas se obtienen a cambio de privarse de otras. En este caso se lograría hacer desaparecer la inconformidad, a cambio de hacer desaparecer la propiedad privada del capital. Y claro está, que si ello fuese la única consecuencia, ninguna persona de buen corazón se opondría a tal proceder. La acumulación de capital se llevaría a cabo a través del estado, y habría capital para aumentar la productividad de toda la población, en las actividades de producción que el gobierno considerase más urgentes y convenientes. Así, se habría eliminado la inconformidad sin en teoría destruir el muy necesario capital.

Desgraciadamente, una gran cantidad de filósofos, economistas y conglomerado general terminan de razonar alli, y no continúan el análisis de tal evolución hasta sus consecuencias.

Las principales consecuencias, como se verá, son la pobreza general, la tiranía, y hasta la esclavitud!

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Si hoy día tantísimos millones de hombres en el mundo gozan de un nivel de vida más alto del que gozaron nuestros antepasados, no digamos los que vivieron en la edad media ni los de mas atrás en la edad de piedra, es porque personas en lo individual se han esforzado para librar a la humanidad de las incomodidades del pasado. Pero se han esforzado para librar de incomodidades a sus vecinos, cuando por ello consideran que van a obtener para sí mismos ventaja o satisfacción de sus necesidades materiales, intelectuales o espirituales. (Tenemos que admitir que así son la generalidad de los hombres. Y cualquier régimen que busque la concordia y el bienestar social de los hombres no lo encontrará si no acepta la naturaleza del hombre tal como es. Si el régimen se instituye para regir a un tipo de persona distinto al hombre, ¿cómo puede esperarse que tenga éxito al pretender que rija a los hombres? Podemos muy bien aspirar a cambiar la naturaleza del hombre si no nos parece como la hizo Dios, pero no conviene implantar el sistema que va a regir nuestras relaciones en la suposición de que vamos a lograr una modificación de la naturaleza del hombre. En todo caso, tengamos paciencia y primero que se cambie al hombre para después establecer el sistema).

Como veníamos diciendo, el hombre se esfuerza en relación a lo que va a obtener a cambio. Si un hombre se esfuerza más que otro, espera recibir más. De otro modo, se le hace difícil justificar su mayor esfuerzo. (Parece que fuese supérfluo mencionar esto, pero las medidas sociales que se proponen y adoptan a menudo justifican la suposición de que estas cosas elementales se han olvidado).

La única riqueza que se puede distribuir es la que se produce. De nada sirve estar sentado arriba de un yacimiento petrolífero mientras no se explote. Generaciones de generaciones vivieron sobre los yacimientos del Lejano Oriente. Se necesitó el aliciente de obtener grandes fortunas, para que hoy, casi en cualquier parte del mundo, gocen de los beneficios del petróleo hasta las clases más pobres, incluyendo por supuesto hasta las personas que se rigen por sistemas socialistas o comunistas.

Así sucede con el teléfono, telégrafo, máquinas de coser, luz eléctrica, camiones, motores de combustión; penicilina, aeroplanos, y tanta cosa que hoy día nos hace la vida muchísimo más cómoda de lo que la tuvieron en épocas anteriores. El beneficio colectivo ha sido tan grande, que las fortunas logradas por los empresarios a cuya iniciativa e inventiva debemos tales comodidades, resultan totalmente insignificantes.

Si la riqueza que los individuos lograron a través de producir bienes para otros se hubiese repartido, lo único que se hubiera logrado es disminuir el número de personas ricas, a cambio de aumentar el número de pobres. Pues lo han calculado muchos, y es admitido por socialistas prominentes[i] , que al distribuir la riqueza de los pocos que tienen mucho, el aumento en riqueza para la gran cantidad de los que tienen menos sería insignificante. En manos de pocos parece mucho; ya distribuido, insignificante en lo individual. Pero lo que sí es definitivo es que sin el incentivo de la recompensa, la iniciativa del hombre hubiese permanecido latente y en degradación constante, hasta regresar a esos tiempos a que nos referíamos. En otras palabras, no se podría hablar de redistribución de riqueza, por la sencilla razón que ella no existiría, y ni siquiera se podrían consolar los comunistas con haber logrado la conformidad, pues es precisamente por la inconformidad en la miseria, que ha existido la propiedad privada como instrumento para progresar.

De ahí que la propiedad privada y libre goce sobre el fruto del esfuerzo del hombre es una necesidad absoluta para mejorar su nivel de vida. En la medida que se limite, en esa medida pierden bienestar los hombres; pierden abundancia y calidad de medicinas, ropa, albergue, comunicaciones, etc., etc.

El descontento de los hombres no se debe tanto a que tienen poco, como a que tienen menos que otros. Pero si se dieran cuenta que el resultado de tratar de equipararse por medios arbitrarios es que tendrán menos, no lo intentarían. Lo grave es que la primera observación es de orden cotidiano, y la segunda necesita de reflexión.

* * *

En un régimen en que el gobierno acapara todo el capital, las inversiones serán dirigidas por los elementos que integran la burocracia. En un régimen en donde el capital es privado, las inversiones las dirigen los empresarios, sean o no dueños del capital. Podríamos decir que las mismas personas que serían los empresarios van a ser los burócratas y que por lo tanto no habrá diferencia en la capacidad dirigente. Pero las mismas personas, ¿Cómo van a dirigir mejor: Cuando corren el riesgo de perder si se equivocan y de ganar y quedarse con lo que ganan si tienen éxito, o cuando no importe el éxito que tenga su dirección, él pierde o gana lo que ganan todos? La contestación elemental y de común aceptación ha generalizado el dicho de que todo gobierno es mal administrador.

Y si vamos a depender del éxito de la dirección de los mismos individuos, ¿no es lógico suponer que el bienestar general estará en relación directa al éxito de la dirección?

En un mercado libre con capital privado, el empresario únicamente puede obtener grandes recompensas satisfaciendo las necesidades del mayor número posible de personas. Todas las personas, en su carácter de consumidores, o le compran, o compran otra cosa, o no compran.

El productor tiene que ofrecer algún producto o servicio que las personas compren como alternativa a comprar otra, porque pocas son las que pueden comprar todo lo que quieren. Siempre escoge el hombre entre alternativas, aunque sean de diferente índole: otro traje, o un radio; pollo o pescado cuando la res es cara; transporte en autobús o en aeroplanos; un viaje u otra casa; nuevo carro o una lancha... La competencia que confronta el empresario es con el dinero del consumidor, más que con los productos de artículos similares. Esto no es generalmente apreciado porque el nivel de precios de productos similares, en lo que respecta a un nuevo productor, ya ha sido previamente colocado a un nivel más o menos aceptable para el consumidor. De lo contrario, no existiría comercio del producto; es obvio que nadie usaría camisetas si habiendo sólo un productor pretendiera venderlas a Q50.00. Las casas se fabricarían con ladrillo y cal o madera, si el cemento costara Q 10.00, etc.

Lo que se puede deducir de lo anterior, es que en un régimen de capitalistas privados, el que en realidad dispone qué se va a fabricar, las fuentes de trabajo que prevalecerán y quiénes tendrán recompensas, son los consumidores diariamente, o sea el pueblo. En cuyo caso, la alternativa ya se puede interpretar así: ¿quién dirige los esfuerzos del hombre mejor hacia lograr satisfacer sus necesidades, un gobierno, o ellos mismos? En un mercado libre el pueblo tiene el recurso de aprobar o improbar diariamente, a través de sus compras, los actos de los directores. Es tan frecuente la improbación, que una gran proporción de empresas fundadas fracasan aún con la cautela que impone el riesgo de perder haberes propios. Hasta grandes y poderosos son rechazados por el pueblo con su voto cotidiano.

Ejemplo reciente: el carro Edselm de la Ford Motor Co.

* * *

Regresemos a la cuestión inicial: Capital y Trabajo.

Como vemos, el problema de la relación entre capital y trabajo no tiene porqué existir. El verdadero problema está en quién será el dueño del capital: la comunidad a través de un gobierno, o los que lo produjeron o adquiriendo legalmente, en un régimen de propiedad privada.

En cualquier caso, el capital es únicamente un instrumento necesario para el progreso. Pero hay que fabricarlo para poseerlo y, por lo tanto, si es privado su dueño demandará recompensa por ponerlo a la disposición de los empresarios. En un país pequeño no es generalmente apreciada la diferencia entre empresario y capitalista. Sucede muchas veces que es la misma persona, y entonces se identifican las funciones, pero son funciones aparte las de dueño de capital y empresario. En general, los empresarios utilizan capital y mano de obra para la transformación de otros factores de producción, y a ambos tienen que satisfacer en cuestión de rendimiento y trato; de lo contrario, no consiguen ni el capital ni los trabajadores. Mientras más logre rendir el capital, más capital podrá conseguir para ampliación u otras empresas. Mientras mejor trate a los trabajadores en cuestión de remuneración, mejores trabajadores tendrá. Todo ello, dentro de los límites impuestos por los consumidores a través de los precios; y de allí nace la tendencia a la productividad y eficiencia que se va traduciendo poco a poco en mayor bienestar general.

El conflicto entre capital y trabajo no tiene razón de existir. El capital no tiene fronteras, ni se le han podido establecer nunca. Su dueño es el único juez de su rendimiento: bueno o muy bueno, o malo, etc. No existe el rendimiento «justo», puesto que el rendimiento o remuneración sólo lo puede evaluar su dueño en cuanto a conveniencia, comparativamente con otras alternativas a su alcance, que siempre las hay. Está, en forma limitada por cierto, accesible al pueblo a través de los empresarios, si lo quiere utilizar y dejarlo obtener igual o mejor rendimiento y seguridad que en otros lugares. Si se va, o no viene, no quedará más remedio que permanecer en la pobreza. Sin él no se puede prosperar y si vamos a depender únicamente del que ya está fincado iremos rápidamente para atrás, pues es totalmente insuficiente. Cuando se ataca al capital se atacaindirectamente el progreso de todos. Cuando se redistribuye arbitrariamente la riqueza, invariablemente se fomenta la pobreza de todos.

No es verdad pues, que los trabajadores sólo pueden beneficiarse a expensas del capital y que el capital se beneficia solamente a sacrificio de los trabajadores. Es una realidad que ambos se benefician únicamente cuando, sujetos a la dirección del empresario, satisfacen las necesidades de los cuatro factores indispensables para el ciclo económico de producción y consumo: 1o. Consumidor, 2o. Trabajador, 3o. Capital, 4o. Empresario. De lo contrario, si cualquiera de los cuatro no obtiene beneficio adecuado de alguna producción de bienes o servicios, según su propio criterio, canalizará su esfuerzo hacia otra actividad más productiva.

Nota: La necesidad de formar capital está elocuentemente demostrada con las cifras siguientes, del promedio de inversión en activos por empleado en diversos ramos de producción. Datos copilados por el First National City Bank of New York; i.e., las cantidades en efecto significan lo que hoy por hoy es necesario invertir para crear una plaza de trabajo en Estados Unidos. Demás está recalcar que es esta precisamente la principal causa de salarios altos.

No. de Compañías

INDUSTRIA

Promedio de inversión por empleado

21

Productos de petróleo

$62,000

3

Destilerías

53,400

3

Productos de Tabaco

50,700

8

Metales no ferrosos

28,200

8

Productos Químicos

24,700

9

Hierro y Acero

21,200

3

Pulpa y Papel

18,800

3

Automóviles y Camiones

14,800

11

  Maquinaria y Equipo

13,000

6

  Productos Alimenticios

10,500

4

Neumáticos y Productos de Goma

10,300

5

Equipo Eléctrico 

10,100

7

Aeronaves

7,600

9

Otras fábricas

17,700

100

 

$20,900

En Guatemala algunos promedios son los siguientes dentro de la industria; tomando como base 24 Industrias donde los salarios son más altos

No. de Compañías

INDUSTRIA

Promedio de inversión por empleado

4

Productos alimenticios

Q 7,000

1

Cemento

12,600

3

Aceites, grasas y jabones

10,800

4

Textiles algodón y otras fibras

5,200

1

Pinturas

11,700

2

Plásticos

9,000

2

Industria Gráfica

4,215

2

Gases Industriales 

11,100

1

Calzado y Curtiembre 

6,000

1

Bebidas no alcohólicas  

2,971

1

Cigarrillos

11,700

1

Envases metálicos

10,730

PROMEDIO DE LAS 24 EMPRESAS: Q8,055.45 por trabajador.


[i] Aun los Rusos