Año: 6, Enero 1964 No. 71

La Base de la Libertad

Por Dr. DEAN RUSSELL

En una de sus fábulas, Esopo dijo: «Un caballo y un ciervo, que pastaban en un rico prado, lucharon entre sí por obtener el mejor pasto. El ciervo, con sus afiladas astas, venció al caballo. Entonces, éste solicitó ayuda al hombre, y el hombre accedió pero sugiriendo que su ayuda sería más eficaz si le permitiera montarlo y guiarlo como mejor le pareciera. El caballo permitió que el hombre le pusiera la montura en el lomo y el freno en la boca. Así expulsaron al ciervo del prado. Pero cuando el caballo pidió al hombre que le quitase el freno y la montura y lo dejase en libertad, el hombre respondió: «No sabía lo buen trabajador que eres. Y ahora que he descubierto para qué sirves, puedes tener la seguridad de que te seguiré utilizando».

Horacio, el filósofo y poeta romano, dijo de esta fábula:

«Tal es el caso de aquel cuyo temor a la pobreza lo hace desprenderse de la valiosísima joya que es la libertad; miserable, siempre estará sometido a algún tirano de una u otra clase, y será esclavo eternamente, porque su avaro espíritu no supo conformarse con esa moderada habilidad que hubiese podido poseer con independencia de todo el mundo».

Desde que el hombre aprendió a escribir, uno de sus temas favoritos ha sido la libertad. Y casi siempre, ha sido a su propio gobierno al que más ha temido como posible destructor de su libertad. Es más, diversas cuestiones económicas principalmente, la propiedad y el control de su propio tiempo y trabajo han figurado siempre en lugar prominente en la valorización de libertad.

El magistrado Sutherland, de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, vio con claridad este vínculo cuando dijo que: «El individuo tiene tres derechos, igualmente sagrados frente a toda interferencia arbitraria (del gobierno): el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad. Esos tres derechos se hallan tan entrelazados que prácticamente constituyen uno solo. Dar a un hombre su vida pero negarle su libertad, es privarlo de todo lo que hace a la vida digna de ser vivida. Darle libertad pero quitarle la propiedad, que es fruto y símbolo de su libertad, es seguir manteniéndolo en la esclavitud».

Frederic Bastiat, el economista francés del siglo pasado, expresó la misma idea de otra manera: «Vida, libertad y propiedad no existen porque el hombre haya hecho leyes. Por el contrario, fue el hecho de que la vida, la libertad y la propiedad existiesen de antemano, la causa de que los hombres hicieran las leyes».

Una lección primordial de historia es que la libertad suele florecer cuando los bienes son propiedad privada y se distribuyen por iniciativa privada. No encuentro ningún ejemplo de verdadera libertad popular durante un lapso significativo, en que los medios de producción hayan pertenecido en su mayoría al gobierno o a un grupo restringido y autoperpetuante que controlacen los poderes de gobierno.

Además, la prosperidad material de los pueblos en general, ha surgido siempre que la producción y distribución de bienes y servicios se determinaron por los procesos automáticos de la competencia en un mercado libre. Y la prosperidad ha flaqueado (y a menudo ha fracasado por completo) siempre que los controles gubernamentales sobre las actividades económicas del pueblo se tornaron onerosas.

La forma de gobierno bajo la cual los pueblos han vivido, no parece haber sido mayormente importante ni en un sentido ni en otro. La libertad y la prosperidad han florecido bajo democracias, y desaparecido bajo democracias.

La libertad y la prosperidad han florecido bajo reyes y emperadores, y han desaparecido bajo reyes y emperadores.

A la larga, la libertad y la prosperidad siempre han dependido del grado de propiedad y competencia privadas en el mercado libre, y no de la forma en que muchas personas votaron o no votaron en un momento dado. Según señalaron Esopo y Horacio con tanta claridad en sus sagaces comentarios sobre el tema, la libertad suele ser entregada por el mismo pueblo a su propio gobierno, en su afán de obtener más de las cosas materiales de la vida. Ello nunca ha funcionado mucho tiempo.