Año: 23, Agosto 1981 No. 491

DERECHA O IZQUIERDA CONVENIENCIA DE PRECISAR LOS TERMINOS

Hilary Arathoon

Hay muchos términos que se barajan hoy día, pero cuyo significado difiere según la interpretación que se les dé. Las palabras: democracia, libertad, liberación, son palabras que pueden tener aceptaciones distintas según quién sea el que las use.

Sin tener una idea precisa de en qué consiste la pugna ideológica que divide al mundo, mucha gente se auto-denomina de «centro-izquierda» o de «izquierda moderada», pero sin saber a ciencia cierta lo que significa y queriendo señalar únicamente que sus simpatías están de parte de los necesitados, mas sin ponerse a estudiar si la política por ellos auspiciada, los favorece o perjudica. Son pocos los que en realidad se preocupan por estudiar los problemas económicos a fondo, como para poder determinar cuáles medidas son beneficiosas y cuáles son simplemente contraproducentes.

El término «derecha» es un término que muchos rehuyen, en tanto que el de «izquierda moderada» los halaga, porque parece señalarlos como «hombres de corazón», inclinados a favorecer la causa de los necesitados.

Pero ¿qué significa en realidad ser de izquierda o de derecha? La división, un tanto ambigua, se originó durante la revolución francesa, cuando la asamblea compuesta en su mayoría por jóvenes, se reunió por vez primera en las Tullerías. Los Jacobinos o sea la facción que decía llamarse del pueblo, ocupó los escaños en lo alto y a la izquierda del Presidente, en tanto que los Girondinos, o sea la facción más moderada, ocuparon los escaños de la derecha. Por eso los Jacobinos dieron en llamarse de «la izquierda», o sea «de la montaña», en tanto que los Girondinos fueron reconocidos como los «de la derecha». A los no alineados que ocupaban los escaños más bajos, se les conoció como los del pantano o «sapos».

Dicha división de izquierda y de derecha correspondía más o menos a la de los Whigs y Tories del parlamento inglés, en el que los Whigs representaban la facción del pueblo, en tanto que los Tories representaban a la clase alta y conservadores. Desde entonces los términos: Izquierda y Derecha se han venido empleando en forma similar, quedando la izquierda representando al elemento liberal, en tanto que la derecha representa al elemento conservador, lo cual no es obstáculo para que los conservadores actúen a veces más liberales que los liberales, en tanto que éstos resultan a veces más conservadores que los conservadores.

Pero hoy día la verdadera lucha ideológica no se libra entre «aristócratas y plebeyos». Es más bien una lucha entre el individualismo y el colectivismo.

Entre los que reconocen que los individuos son los únicos que tienen derechos y que la colectividad no tiene más derechos que los que les corresponden a los individuos que la componen y los que creen quelos derechos provienen del Estado.

El individualismo favorece la propiedad privada de los medios de producción, porque reconoce que es la única forma en la que el individuo puede disfrutar de su libertad, en tanto que los colectivistas están a favor de que los medios de producción pasen a ser propiedad del Estado, erigiendo de tal modo a éste en dirigente absoluto de toda actividad.

Otro término para el individualismo es el de «libre empresa» o «capitalismo», término este último acuñado por Marx quien pretendía identificar a la libre empresa con los ricos que vivían de sus rentas «idle rich» («ricos ociosos») en contraposición al proletariado que vivía del jornal que devengaba a cambio de su trabajo manual. Marx buscaba polarizar a las clases sociales, siguiendo el principio de: «divide y reinarás». Por eso hizo un llamado a los trabajadores del mundo entero a unirse en contra del capitalismo. También recomendaba que los medios de producción pasaran a ser propiedad del Estado, quien sería el responsable de velar por el bienestar de la población. Federico Bastiat, contemporáneo de Marx, quien comprendía lo equivocado de dicha doctrina, decía: «El Estado es la ficción según la cual, cada uno trata de vivir a expensas de los demás».

Sea como fuere, los escritos de Marx fueron los que más contribuyeron a la generalización de las ideas socialistas y comunistas en contraposición al capitalismo o sea al principio de libre empresa.

Doscientos años de capitalismo han demostrado fuera de lugar a toda duda que dicho sistema es el que más ha contribuido al bienestar general. No hay ningún lugar del planeta, por recóndito que sea, que no se haya beneficiado, ni cuyo género de vida no haya mejorado, gracias a las innovaciones introducidas por el capitalismo, tanto en la producción de víveres y bienes, como en el ramo de la salubridad pública, como en el mejoramiento de las líneas de transporte y de las vías de comunicación, etc. Muchos de los enemigos más acérrimos del capitalismo, así como muchos de sus partidarios, no existirían hoy día si no fuera por dichas mejoras. Aún los países bajo regímenes socialistas se han beneficiado gracias a los aportes del capitalismo. En cambio sesenta y cuatro años de comunismo en Rusia y cuarenta y un años de socialismo en los países satélites han sido insuficientes para producir ningún adelanto substancial en el bienestar de sus habitantes.

Si hubiera habido algún adelanto espectacular, el socialismo hubiera triunfado sin necesidad de que sus partidarios acudieran a fomentar la revolución para implantar sus doctrinas. Pero el socialismo no ha podido aportar un solo ejemplo de un país en el que su implantación haya contribuido al mejoramiento económico. Por el contrario, en todas partes donde prevalece, la situación económica se ha deteriorado y es que como demostrara irrefutablemente el célebre economista austriaco, Ludwig von Mises, el socialismo en su aspecto más puro es una imposibilidad, ya que al carecer del funcionamiento del mercado libre, carece del único sistema viable para la fijación de precios, teniendo estos que ser fijados arbitrariamente por comités nombrados al efecto, pero sin que puedan arribar jamás al precio justo de una mercadería, ya que les es imposible saber a ciencia cierta cuál es el precio en que tanto el vendedor como el comprador hubieran convenido en caso de que ambos hubieran gozado de libertad para contratar. En el instante que ocurra la menor presión o intervención estatal, el precio se desvirtúa, dejando de reflejar la realidad. Por eso es una ficción el que el socialismo pueda funcionar como sistema económico, porque al carecer de mercado libre, carece de lo único que los podría ayudar a conocer el precio de sus productos.

Hay quienes pretenden clasificar al Fascismo y al Nazismo como doctrinas de derecha, lo cual es un error, ya que ambas son variantes de la doctrina socialista, es decir de la «economía dirigida». El socialismo hizo su aparición inicial en Prusia en tiempos del Bismark. Tanto el Fascismo como el Nazismo son variantes de dicha doctrina que sufrieron modificaciones al adaptarse a las corrientes nacionalistas de uno u otro país. Mussolini, fundador del Fascismo, militó previamente en el partido comunista, cuya organización le sirvió de modelo para la formación de su propio partido.

El nacional-socialismo surgió más que todo como consecuencia de las severas condiciones impuestas por los Aliados al pueblo alemán, tras la primera guerra mundial. Aunque su origen fue más que todo nacionalista, también participó de muchas de las características del socialismo, de donde deriva su nombre: «nacional-socialismo». Dicho partido guardó relaciones estrechas con el socialismo soviético al grado de haber ambos países colaborado en la invasión de Polonia. Fue la rivalidad por el poder y por la supremacía mundial que ambos pretendían, lo que más tarde los dividió, tornándolos en enemigos en vez de aliados.

Se hace necesario precisar los términos de derecha o izquierda, de acuerdo a los argumentos que utiliza cualquier persona para proponer algún sistema o forma de vida. Lo importante es el contenido de la idea, no el nombre o etiqueta que se le quiera poner.

La inflación, las trabas estatales a la libre iniciativa; el control estatal de los cambios, las restricciones al funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda, los monopolios estatales , la imposición de nacionalizaciones a las empresas norteamericanas constituyen formas y expresiones de la estrategia comunista en esta etapa Nacional-Revolucionaria. Y toda esta política será promovida y exigida, no en nombre del Marxismo, ni en cumplimiento de las Tesis de Lenin en el II Congreso, sino exclusivamente para servir la causa de la Justicia Social .

EUDOCIO RAVINES, «Estrategia y táctica Comunista para América Latina», 1962.