Año: 39, Marzo 1997 No. 827

N.D. El señor Malcolm S. Forbes Jr. es Presidente y Director GeneraI de Forbes, Inc. y Editor en jefe de la revista Forbes Magazine. Ha ganado dos veces el prestigioso premio «Crystal OwI, otorgado anualmente a reporteros que hacen las predicciones económicas más acertadas. Recibió un Doctorado Honoris Cause en Ciencias Sociales en mayo de 1993 por parte de la Universidad Francisco Marroquín.

En este artículo, Steve Forbes argumenta que la recuperación económica y espiritual de Estados Unidos están ligadas. Se base parcialmente en su presentación hecha durante el Seminario Nacional de Liderazgo, «EI Futuro de los Negocios en Estados Unidos, organizado por el Instituto Shavano de la Universidad de Hillsdale en Chicago en mayo de 1996. Este seminario fue patrocinado por la Fundacíón Edward Love, una organización no lucrativa dedicada a la enseñanza del libre mercado. Es traducción del artículo «The Moral Case for the Flat Tax., tomado con autorización de Imprimis, publicación mensual del Hillsdale College.

LA DEFENSA MORAL DEL IMPUESTO DE TASA UNICA

Por Malcolm Steve Forbes

El capitalismo funciona mejor de lo que cualquiera de nosotros puede concebir. También es el único sistema de intercambio realmente moral. Incentiva a los individuos a dedicar sus energías e impulsos libremente a la persecución de fines pacíficos, a la satisfacción de las necesidades y deseos de otros, y a la acción constructiva en beneficio de todos. La base del capitalismo no es la avaricia. Los Wal-Marts y Microsofts no son creados por avaros.

Piense sobre esto un momento. El capitalismo es verdaderamente milagroso. ¿Qué otro sistema nos permite cooperar con millones de otras personas ordinarias a quienes nunca conoceremos pero a quienes gustosamente proveemos de bienes y servicios por medio de una red increíble y compleja de transacciones comerciales? Y ¿qué otro sistema se perpetúa, trabajando todos los días, año tras año, sin que una única mano lo guíe?

El capitalismo es un sistema moral tan sólo por el hecho de que se basa en la confianza. Cuando encendemos una luz, asumimos que habrá electricidad. Cuando manejamos hacia una gasolinera, asumimos que habrá gasolina. Cuando entramos en un restaurante, asumimos que habrá comida. Si tratáramos de hacer una lista de todas las cosas básicas que nos provee el capitalismo, cosas que tomamos por sentado, llenaríamos una enciclopedia.

Han pasado tres años desde que escribí los párrafos anteriores, en la edición de septiembre de 1993 de Imprimis, titulada «Tres Hurras por el Capitalismo». Aún creo en ellas firmemente, pero la mayoría de liberales [en Estados Unidos, los que favorecen la intervención del gobierno], y, tristemente, muchos conservadores, persisten en ver al capitalismo como un mero sistema económico, olvidando que la economía es una ciencia metafísica y no matemática, «en la cual los valores y las actitudes espirituales intangibles son por lo menos tan importantes como los bienes físicos y la moral es más fundamental que la oferta monetaria», tal y como escribió Warren Brookes en The Economic Mind (1982). Brookes concluyó que «una economía nacional, como un negocio personal o un producto específico, es la suma de las cualidades mentales y espirituales de su gente, y su producción de valor sólo será tan fuerte como sus valores sociales».

Quienes abogan por un impuesto de tasa única (flat tax), como yo, solemos ser criticados porque nos enfocamos mucho sobre el tema de «los dólares y los centavos» en lugar de sobre el tema moral. Pero como el filósofo y ensayista Ralph Waldo Emerson dijo hace 150 años: «Un dólar no es un valor, sino representativo de un valor, y, en última instancia, de un valor moral». Más recientemente, académicos como el exsecretario de educación, William Bennett, y el economista ganador del premio Nobel, Milton Friedman, han señalado que cada vez que uno saca un dólar del bolsillo de una persona y lo mete en la bolsa de otro, toma una decisión moral.

El alto precio de los impuestos

Los impuestos no son solamente un medio para elevar los ingresos gubernamentales, son también un precio. Los impuestos sobre nuestro ingreso, las ganancias de capital y las ganancias corporativas son el precio que pagamos por el privilegio de trabajar, el precio que pagamos por ser innovadores y exitosos. Si el precio que pagamos por algo llega a ser muy alto, compramos menos de ese bien. Si el precio baja, compramos más. Así que los impuestos son barreras al progreso, y castigan en lugar de premiar el éxito.

La ley Kemp-Roth de 1981 y la ley de reforma tributaria de 1986 disminuyeron las tasas del impuesto sobre la renta individual a niveles que no habíamos visto en más de medio siglo, y ayudaron a crear un período de prosperidad sin rival. Sin embargo, hoy muchos de los formuladores de políticas ignoran o niegan las ventajas positivas de estos recortes a los impuestos. También dejan de comprender que son las personas, y no las políticas, las que hacen que funcione una economía.

Recuerde, dice el inversionista y filántropo Theodore J. Forstmann, «ningún gobierno ha jamás cargado con el costo de algo. Los impuestos le cuestan a las personas contribuyentes. Los impuestos no le cuestan al gobierno». Las familias con hijos son las más afectadas por los impuestos altos. Según el Consejo de Investigación de la Familia, una familia de cuatro con un ingreso medio, en 1948 pagaba 2 por ciento del mismo en impuestos; en 1994 el monto era de 25 por ciento. Por eso es que las familias sienten que corren sobre una banda sin fin y que la banda les está ganando.

No puedo pensar en una mejor opción para ayudar a las familias de este país, que instaurar el impuesto de tasa única. Seguro, las propuestas de recortar los impuestos formuladas por los Republicanos y aún por algunos líderes Demócratas son un paso importante en la dirección correcta y harán un bien tremendo, pero no debemos detenernos allí. Debemos desechar el código tributario existente. Sólo piense en la monstruosidad que es ese código. El discurso de Gettysburg es de aproximadamente 200 palabras de largo. La Declaración de la Independencia tiene alrededor de 1,300 palabras. La Biblia comprende unas 773,000 palabras. Pero nuestro código tributario federal abarca alrededor de 7 millones de palabras y crece con cada año que pasa.

Cómo corrompen los impuestos

Corrupción política

El código tributario actual es incomprensible, aún para los cobradores de impuestos, y es la principal fuente de corrupción en nuestra ciudad capital. Los políticos llevan tanto tiempo intercambiando favores y formas de eludir el pago de impuestos por contribuciones y fondos políticos, que creen que es un comportamiento aceptable, o aún virtuoso. Y ahora hay más de 13,000 grupos de interés o de cabildeo registrados, quienes juntos representan la más grande industria privada en Washington, D.C. Más de la mitad de ellos están allí con el propósito expreso de manipular el código tributario para su propio beneficio. Como advierte el líder mayoritario de la Casa de Representantes, Dick Armey, esto no sólo le cuesta billones de dólares a nuestra economía sino que convierte el proceso político en una cancha abierta para los intereses especiales.

El abogado residente en Washington, Leonard Garment, dice: «Cualquiera que sea la corrupción que existe aquí, es típica de lo que ocurre en cualquier lugar en donde se le da al gobierno grandes sumas de dinero para repartir, gran poder sobre las vidas de las personas, y una gran discreción sobre cómo usar ese poder, ya sea por medio de un programa para la pobreza, o la Administración de los Negocios Pequeños, o el Departamento de la Defensa. Es un tipo de corrupción que ocurre casi universalmente cuando el gobierno tiene demasiado poder discrecional y los individuos tienen muy poco».

Corrupción Civil

Los impuestos también tienen un impacto corrosivo sobre nuestra vida cívica. Nuestro sentido de responsabilidad y confianza es destruidocarcomido por el ácido de extravagantes y grandes compras gubernamentales y los impuestos confiscatorios. Hoy, muchos de nosotros pensamos que los impuestos son un tipo de robo legalizado, y tenemos poca fe de que el Tío Sam utilizará apropiada o sabiamente aquellos ahorros que nos vemos obligados a entregarle. Así que no nos remuerde la conciencia cuando buscamos formas para evitar cumplir con el código tributario siempre que sea posible. No pensamos en nosotros mismos como «tramposos de los impuestos», sino como «rebeldes de los impuestos». No importa cómo nos rotulemos a nosotros mismos, todos tenemos una sensación incómoda de que los impuestos altos, al igual que las políticas del bienestar, nos pueden robar nuestro sentido do auto-ayuda e integridad.

Corrupción Cultural

Cuando observamos a nuestra nación, vemos más ilegitimidad, más analfabetismo, más crimen, más abuso de drogas, más familias divididas y más miembros de una subclase permanente de lo que jamás había habido antes. En el nombre de la «compasión», hemos gastado trillones de dólares de impuestos en todas estas crisis, y lo único que hemos logrado es empeorar las cosas.

Si verdaderamente deseamos ser compasivos, deberíamos adoptar un impuesto de tasa única que exonera de pago a los ciudadanos más pobres y ofrece a todos los norteamericanos medios reales y prácticos para subir la escalera hacia una vida más próspera. Además, el impuesto de tasa única nos permite a nosotros, y no al gobierno federal, decidir cómo podemos resolver nuestros problemas de mejor forma. Hace que renazca la responsabilidad personal y manda un poderoso mensaje moral.

¿Qué es el impuesto de tasa única?

El impuesto de tasa única es un sistema sencillo, justo y uniforme. Es un sistema sensato, con el respaldo amplio de economistas ganadores del premio Nóbel, ex-miembros del gabinete y otros líderes políticos. También es un sistema moral, porque representa un aumento de los recursos que los asalariados pueden llevar a casa, del ahorro y de la inversión; representa más negocios, más empleos, más eficiencia, más productos o servicios, precios más bajos y más decisiones personales en contraposición a la planificación estatal. Cuando las personas pueden quedarse con un mayor porcentaje de lo que ganan, antes que trabajar horas adicionales, prefieren gastar sus ingresos en la educación de sus hijos, la preparación de carreras, la solución de problemas sociales, contribuciones a la iglesia y el trabajo voluntario. El impuesto de tasa única puede proveer un imperativo moral para reconstruir nuestras vidas y nuestras comunidades.

Bajo mi propuesta del impuesto de tasa única, cada individuo tendría una exoneración de impuesto de $13,000; cada niño de $5,000. Para una familia de cuatro, los primeros $36,000 de ingresos serían libres de pago de impuesto. (También habrían exoneraciones generosas para familias más grandes o más pequeñas y para individuos solos). Actualmente, una familia de cuatro típicamente debe más de $3,000 de impuestos por los primeros $36,000 de ingresos. Con el impuesto de tasa única, no debería nada, y su ingreso a partir de ese monto sería tasado a una tasa uniforme de 17 por ciento. No se cobrarían impuestos sobre los ahorros personales, las pensiones, los beneficios de seguridad social, las ganancias de capital ni las herencias. Para los negocios, la tasa de 17 por ciento se aplicaría a utilidades netas y las inversiones se descontarían el primer año. Los esquemas complicados de devaluaciones, que cambian constantemente, serían eliminados. El Servicio de Recaudaciones Internas (IRS) ya no podría definir arbitrariamente cuál es la vida de un activo.

El impuesto de tasa única levantaría a la economía de Estados Unidos. Sin embargo, ha sido atacado por medio de una campaña de desinformación basada principalmente en seis mitos.

Mito 1: El impuesto de tasa única elevaría la tasa impositiva de la clase media.¿Cuántas familias de cuatro conoce Usted que tienen $36,000 de ingresos exentos bajo el sistema tributario actual? La tasa única realmente reducirá la tasa impositiva de la clase media. Sin embargo un oficial de gobierno de New Hampshire publicó unos anuncios durante la última primaria presidencial diciendo que el impuesto de tasa única elevaría los impuestos de las familias de cuatro miembros en $2,000 - 3,000, en su estado. ¿Cómo calculó estos números? Ignoró la exoneración de $36,000 y aplicó el 17 por ciento a su ingreso total.

Mito 2: El impuesto de tasa única dañaría a la industria de construcción y a los dueños de propiedades.Aún el Departamento de la Tesorería del Presidente Clinton reconoce que el impuesto de tasa única reduciría las tasas de interés en un cuarto o un tercio. Las tasas de interés más bajas significan pagos de enganche más bajos, y pagos mensuales a hipotecas más bajos. Más personas podrán ser dueñas de una casa por primera vez, y quienes ya son dueños de casas podrán guardar más de sus ahorros para otros gastos. Terminaría la necesidad de deducciones de hipotecas (que se eliminarían gradualmente y no de tajada) porque el impuesto de tasa única traería consigo ahorros más grandes y beneficios mayores.

Mito 3: El impuesto de tasa única destruiría a los bonos municipales. Las tasas de interés más bajas, producto del impuesto de tasa única, no dañarían ni a los bonos municipales existentes ni a los futuros. Los nuevos compradores estarían más preocupados de cómo se utiliza su dinero que de cómo se ven afectados sus impuestos. Esto obligaría al gobierno a rendir cuentas de una mejor forma a los ciudadanos en relación con el manejo de las finanzas públicas, y los precios de los bonos incluso podrían subir conforme bajen las tasas de interés generales.

Mito 4: El impuesto de tasa única perjudicaría a las donaciones caritativas.No es necesario chantajear a los ciudadanos, por medio del código tributario, para que hagan donaciones, si viven bajo un sistema justo y equitativo. Fuimos una nación generosa y caritativa desde mucho antes de que se instituyera el impuesto sobre la renta federal. Y los recortes a los impuestos en los años ochenta efectivamente resultaron en inmensos e históricos incrementos en las donaciones caritativas. En resumen, cuando las personas tienen más, donan más.

Mito 5: El impuesto de tasa única es un regalo, porque el ingreso de inversión, o el «ingreso no ganado», como gustan rotularlo los economistas liberales, no sería objeto de cobro.Equivocado. Bajo el impuesto de tasa única, todo el ingreso sería objeto de cobro. El ingreso de inversión seria tasado sólo una vez en lugar de dos o tres veces, como sucede a raíz de las disposiciones de nuestro código actual. Cuando una compañía obtiene ganancias, paga una tasa impositiva de 17 por ciento.

Mito 6: El impuesto de tasa única incrementaría el déficit presupuestario.La única .forma en que vamos a curar el déficit presupuestario es si reducimos el gasto público y reducimos impuestos. Esto conllevaría a un auge económico. En los años sesenta y ochenta, los recortes tributarios incrementaron en lugar de mermar los ingresos gubernamentales. ¿Porqué? Como mencioné anteriormente, los impuestos son un precio. Cuando las personas pueden quedarse con más de los recursos. Que generan, crean más recursos. Y cuando las tasas impositivas se reducen, más personas cumplen con el pago de impuestos porque les resulta más fácil trabajar productivamente que tratar de ingeniarse formas para eludir las barreras creadas por el código tributario.

El impuesto de tasa única significaría más que sólo ahorros financieros, ahorraría tiempo, también. Hoy en día, individuos y empresas gastan más de 5 millardos de horas al año llenando formularios de impuestos. El formulario del impuesto de tasa única sería del tamaño de una postal y se podría llenar en muy poco tiempo. Imagínese lo que podemos lograr con todo el tiempo que nos ahorraríamos. Imagínese los beneficios que esto representa para nuestras familias, escuelas, iglesias, asociaciones no lucrativas, comunidades y nuestros negocios.

Dejen que los individuos escojan

Existe una defensa moral del impuesto de tasa única porque este impuesto es un asunto, fundamentalmente, de libertad. Yo no hablo de esa libertad que fue condenada por grandes economistas de libre mercado, como Ludwig von Mises, que es la libertad para que «las fuerzas desalmadas operen». Eso no es libertad para nada; solamente es tiranía bajo otro disfraz, En contraste, yo hablo de la libertad de los individuos para escoger

Una y otra vez, la evidencia ha demostrado que el gobierno no puede preservar a nuestras familias, resucitar nuestra fe, restaurar nuestros valores, resolver nuestros problemas sociales ni crear prosperidad. Sólo los individuos libres pueden hacerlo