Año XLVI Junio de 2006 No. 941

Nota del Editor: Mart Laar fue Primer Ministro de Estonia de 1992 a 1994 y de 1999 a 2002. El texto que sigue es una adaptación de la conferencia que dictó en The Heritage Foundation, en Filadelfia, en abril de 2002. Traducción de Lucy Martínez Mont.

Mart Laar
Cómo lo logró Estonia

Cuando la mayoría de los tomadores de decisiones adaptaban sus políticas al supuesto de que el pensamiento socialista y la Unión Soviética eran realidades permanentes en el planeta, unos pocos individuos visionarios, como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, tenían ideas diferentes. La neblina roja no había enturbiado sus ojos. Confrontaron el imperio soviético durante la guerra fría, arrinconaron a la Unión Soviética e hicieron posible que las naciones cautivas socavaran el imperio desde dentro. El progreso alcanzado por los que fueron países soviéticos da testimonio de la sabiduría de quienes pelearon la guerra fría contra la Unión Soviética, contra el "imperio del mal". La causa de la libertad se ha fortalecido, no sólo en el centro y el este de Europa, sino en el mundo entero. Cada vez más, los gobernados exigen que las autoridades políticas asuman responsabilidad por sus actos. Cada vez más, las economías deben competir en los mercados globalizados.

Esto no habría sucedido si los visionarios de la revolución conservadora no hubieran soñado con el fortalecimiento de la libertad individual. Ellos nos enseñaron que los sueños, aparentemente imposibles, pueden hacerse realidad si asumimos una actitud que no acepta derrotas. En algunos países, los sueños imposibles se han realizado. En el Ídice de Libertad Económica de 2002, por primera vez un país que fue comunista aparece como una de las economías más libres del mundo. Ese país es Estonia. y tuve el honor de ser su Primer Ministro durante dos períodos. Según el Índice de Libertad Económica, Estonia es el sexto país más libre del mundo y uno de los países europeos más orientados al mercado libre. Hace diez años, Estonia habría figurado entre los países menos libres del mundo.

La historia de Estonia no ha sido fácil. En 1940 la Estonia independiente fue ocupada por la Unión Soviética, pero nunca nos sometimos. Peleamos una guerra interna durante diez años y después, seguimos resistiendo de mil maneras. Vinieron las deportaciones masivas. Estonia perdió un tercio de su población. Con nuestros correligionarios de occidente peleamos la guerra fría como hermanos, y juntos la ganamos. En 1991 el imperio del mal dejó de existir. Después de cincuenta años de ocupación soviética, la economía de Estonia estaba devastada, el espíritu de su pueblo infestado por el legado socialista. Las tiendas estaban vacías. El dinero carecía de valor. Los precios de los combustibles habían subido más de diez mil por ciento en un año. La inflación anual sobrepasaba mil por ciento. La gente hacía cola durante horas para conseguir alimentos. En diez años Estonia ha cambiado tanto que ya no se le reconoce. Aún para nosotros resulta difícil recordar cómo era nuestro país bajo el dominio soviético. En la actualidad, Estonia es un país joven, moderno y lleno de vitalidad, que a pasos acelerados se acerca a la Unión Europea, la OTAN y otras estructuras occidentales.

Tres lecciones cruciales

Numerosos expertos y líderes políticos preguntan cómo lo logramos. He aquí la respuesta: En la planificación de nuestro "salto al vacío", procuramos aprender de las experiencias de otros países que han hecho la transición de la utopía socialista a la economía de mercado. Emergieron estas lecciones cruciales: La primera consiste en que es preciso ocuparse de la política primero y luego emprender la reforma económica. No debe subestimarse la importancia de una Constitución nueva y moderna y de un organismo legislativo democrático y producto de elecciones libres. Algunos países en transición no han comprendido la importancia del Estado de derecho. Esto ha sido un error grave. Ningún entendimiento general, ningún esfuerzo colectivo, ninguna dosis de optimismo puede reemplazar la estructura sólida y evolutiva del marco legal. No puede florecer la economía de mercado, no puede instituirse la democracia si no hay leyes claras, derechos firmes de propiedad y administración efectiva de la justicia. La segunda lección está contenida en un eslogan publicitario muy conocido: "¡Hagámoslo!" En otras palabras, tomemos decisiones firmes y tengamos el valor de mantenerlas, a pesar del sufrimiento que pudieran acarrear a corto plazo. Para expresar esta idea brevemente, si no hay dolor no hay ganancia. Por supuesto, decirlo es fácil, pero hacerlo es difícil. El cambio básico y fundamental debe darse en las mentes de los individuos. Durante la era socialista, no se esperaba que la gente pensara, emprendiera iniciativas o asumiera riesgos. Fue necesaria una sacudida para erradicar la ilusión común en los países que han vivido bajo el yugo comunista de que alguien, de alguna manera, vendría a resolver los problemas. Fue necesario infundir energía y poner en movimiento a la gente, obligar a los hombres a tomar decisiones y asumir la responsabilidad de las decisiones tomadas. Tuvimos que despertar al pueblo.

Primero, abrimos la puerta a la competencia. En 1992 Estonia abolió todos los aranceles de importación y se convirtió en una gran zona libre. La competencia extranjera obligó a las empresas domésticas a modernizarse y a reestructurar su producción. A la vez, Estonia abolió todos los subsidios, todos los apoyos, todos los préstamos baratos a las empresas, dejándolas con dos opciones: Morir, o empezar a producir con eficiencia. En su mayoría, las empresas optaron por la segunda opción. Anunciamos con claridad que si alguien trabaja más y gana más, no se le castigará por ello. Introducimos una profunda reforma fiscal con reducciones drásticas de los impuestos. Instituimos el impuesto proporcional (flat tax) sobre la renta. Este impuesto ha sido un elemento importante del éxito de Estonia. Los únicos perdedores han sido los abogados especializados en impuestos.

Abolimos el impuesto sobre las ganancias corporativas cuando éstas se reinvierten en el país. Este mecanismo no tiene precedente en el mundo. Las ganancias reinvertidas en el país no son gravables porque, en nuestra opinión, estos flujos de inversión crean valor agregado en nuestra economía, algo que Estonia necesita. La tercera lección es que las economías en transición deben confrontar los problemas presentes, pero también deben tener el valor de mirar hacia el futuro. Cuando el subdesarrollo económico es severo, las tecnologías modernas son un trampolín efectivo para un salto inmediato al desarrollo.

Comercio internacional y no ayuda extranjera

No es bueno volverse dependiente de la ayuda extranjera. Esa dependencia conlleva peligros. Los embarques de computadoras obsoletas, de los países desarrollados a los países en transición, aseguran a estos últimos un sitio permanente en el tercer mundo. En 1993, Estonia proclamó que buscaba aperturas de comercio exterior y no ayuda extranjera. Esta proclamación caracteriza nuestra visión del futuro.

Como resultado, Estonia ha dado un salto significativo hacia la tecnología moderna que impulsa nuestro desarrollo. El gobierno no usa papel. Todos los miembros del gobierno usan computadoras durante las deliberaciones y las sesiones. Un tercio de los habitantes de Estonia poseen teléfonos celulares y muchos de estos teléfonos son fabricados en Estonia. La electrónica representa 44 por ciento de nuestras exportaciones.

Estonia se ha adelantado a varios países de la Unión Europea en términos del acceso a Internet. Los estonianos realizan electrónicamente la mayor parte de sus transacciones bancarias. Las declaraciones de impuestos se mandan electrónicamente a la oficina de recaudación. Lo hice la semana pasada. Llenar los formularios me tomó unos cinco minutos. La electrónica puede ser una herramienta muy eficiente para el establecimiento de un gobierno limitado y transparente.

Desde luego, implementar los cambios no ha sido fácil. Por experiencia propia, puedo decirles que no se gana popularidad con esta clase de políticas públicas. El gobierno que adopta estos lineamientos puede volverse impopular y ser derrocado, pero eso no es importante. Lo importante es que mi país ha cambiado tanto que ya no se le reconoce. Cuando miramos hacia atrás, podemos decir: Fue un trabajo sucio, pero alguien tenía que hacerlo. Empujamos el tren hasta que la máquina arrancó y ahora, nadie puede detenerlo. Es lo único que importa.

Los seguidores de Ronald Reagan y Margaret Thatcher no están en el poder en muchas partes del mundo. Todavía presenciamos errores y fracasos. Juntos debemos enfrentar la amenaza terrorista. Demasiada gente en el mundo padece hambre e infelicidad. A veces, nos parece que nada ha cambiado realmente. Pero no es así. Visualicemos el mundo como era hace veinte años y como es ahora. Los gobiernos conservadores han sido derrotados políticamente una y otra vez, pero sus ideas, sus valores y sus sueños han ganado terreno. Los sueños son importantes. También es importante recorrer el camino correcto. Vemos que el mundo va por buen camino.