Año XLIX Febrero de 2008 No. 961

Nota del Editor: Ross Terrill, ha enseñado en varios colegios y universidades y desde 1970, ha sido asociado de Investigación en el Fairbanks Center para investigación del Este de Asia, en la Universidad de Harvard. Viaja regularmente al este de Asia, y ha visitado China muchas veces, principiando en 1964, y fue testigo presencial de la masacre en Tiananmen Square, en junio de 1989. Sus escritos han aparecido en numerosas revistas y periódicos, incluyendo el Wall Street Journal. Es autor de nueve libros, incluyendo biografías de Mao Zedong y de Madame Mao; y muy recientemente, "El nuevo Imperio Chino", el cual ganó el premio del 2004 del "Times" de Los Ángeles. Lo siguiente es adaptado de sus observaciones hechas el 13 de febrero de 2007, en el Seminario de Hillsdale College, en Fort Myers de Florida, sobre el tema "Seguridad Nacional: Evaluaciones a corto y largo plazo".

Publicado con Autorización.
Traducción de Luis Beltranena

Ross Terril
Tratando con China en los próximos años

¿Como deberíamos tratar a China en los próximos años? ¿Debemos oponernos a ella o podemos coaccionarla para que se incorpore a la llamada comunidad internacional? Puesto de manera simple, debemos defender la libertad. Los Estados Unidos representan un faro de esperanza para una nueva generación de chinos, quienes viven en un régimen Leninista, supervisando a una —sociedad semicapitalista — en un arreglo que hasta la fecha nunca ha durado por un período sostenido. Si vamos a tratar adecuadamente con la China, en los próximos años, tenemos que confrontar esta contradicción.

Si es deseable o no, China esta surgiendo: Traten ustedes de salir un día de compras sin que regresen a casa al menos con un producto hecho en la China. Adopten un bebé y puede que sea de la China. Los estudiantes asiático americanos comprenden el 50% o más del cuerpo de estudiantes en numerosos colegios de los Estados Unidos. El GDP de China se cuadruplicó en las dos décadas de Deng Xiaoping, desde 1978 a 1992. Desde entonces, ha venido creciendo aun más rápido, a la tasa del 10 al 11% por año. El comercio internacional aumentó 10 veces durante el reinado de Deng. El avance económico de la China la ha llevado a una expansión militar, a una sofisticación diplomática, a una incesante búsqueda de mercados, a un consumo enorme de petróleo y a una engrandecida capacidad de importar, así como a un nacionalismo en expansión.

¿Que es lo que esta tratando de hacer China y qué quiere ser? Como una sociedad libre, los Estados Unidos de América publican sus objetivos. En contraste, China tiende a esconder sus objetivos: sus ambiciones expresadas son paz y desarrollo. Pero sus objetivos reales son mantener su crecimiento económico, cuidando de la tranquilidad en todas sus fronteras (China tiene 14 fronteras), eclipsando a los Estados Unidos del este de Asia y "volver a ganar" el territorio "perdido" (Taiwán, es tan solo uno de los territorios, el que, debido a que el Emperador Chino alguna vez tuvo la posesión del mismo, el Gobierno chino cree que debe devolvérsele a la China). En tanto Pekín lleva a cabo enormes negocios con nosotros, también de manera regular lanza tremendas diatribas contra los Estados Unidos. Y en tanto aboga por un mundo libre de armas, China ha puesto del otro lado de Taiwán, 800 cohetes.

La expectativa de que China pueda alcanzar sus fines internacionales, específicamente sobrepasando a los Estados Unidos y en  expansión su territorio, depende de dos cosas: el futuro de su sistema político y si los Estados Unidos u otros países admiten el surgimiento de China. La idea popular es que la China está en una transición del comunismo a la libertad, como cuando escuchamos al Presidente Clinton cuando fue a la China en 1998 y dijo: "China se esta moviendo para unirse a las prósperas comunidades de las democracias libres". Otros dicen que el comunismo nunca ha sido abandonado en China, pero que una transición inconsútil se esta gestionando: en tanto la China continúe sus reformas, deja crecer al sector privado, cumple sus compromisos con la Organización Mundial del Comercio y reemplaza el capricho de un solo líder con reglas y regulaciones generales; entonces el mundo va a despertar un día y mirará a la China, como a Polonia o a Mongolia habiendo acabado verdaderamente con el gobierno comunista.

Pero la reforma puede ser una ilusión. Los reformadores húngaros de los últimos años de 1960, creyeron en una reforma abierta; y finalmente la que llevaría al colapso del socialismo. Pero la reforma comunista puede ser dirigida tan solo para modernizar el socialismo. Yo creo que éste es el punto de vista del partido comunista. Podríamos creer o esperar que tales reformas van a socavar el comunismo. Ciertamente, muchos chinos en lo privado tienen en esto esperanzas. Pero en sí y en las reformas mismas, estas reformas podrían por algún tiempo fortalecer al sistema.

Tres Futuros

Hay tres posibilidades para la China durante los próximos 25 años.

Una es que no ocurra la transición a un sistema político diferente. Lo que vemos ahora, el Leninismo comercializado, es lo que veremos en los próximos 25 años. El partido comunista va a comprar al pueblo de China con una manera material de vivir mejor. No habrá estado de derecho, si esto ocurre, sino por el contrario represión continuada.

La segunda posibilidad es democracia. De acuerdo con este punto de vista, la nueva sociedad y la nueva economía van a producir nuevas políticas liberalizadas.

La tercera posibilidad es que las contradicciones de la China de hoy, signifiquen que el país va hacia una fractura. Un estado autoritario y una economía libre son simplemente incompatibles en este punto de vista; y la explosión es inevitable, conforme se avanza en el camino.

El argumento que el Leninismo comercializado va a continuar se expresa en algo como esto: Primero, los lideres comunistas no tienen planes de abandonarlo, ya que ellos se aprovechan del sistema. Segundo, Pekín —que quiere cambiar su economía pero no su política— ha aprendido del error que Mikhail Gorbachev cometió. Gorbachev trató de arrancar con un cambio político y luego no entregó los bienes económicos ofrecidos al pueblo soviético. Tercero, China tiene ahora el músculo económico para pacificar a los perdedores de la era de reforma, tales como los granjeros y un masivo ejército de trabajadores sin empleo. Cuarto, el estado Chino tiene mayores recursos debido a su larga tradición de dominio doméstico imperial. Quinto, hay falta de fanatismo: las dictaduras chinas nunca han sido teocráticas v todavía tienen una veta pragmática hoy en día. Finalmente, la dirigencia china está más que ansiosa de jugar la tarjeta de la gloria nacional: misiones al espacio, los Juegos Olímpicos y los intentos de los arqueólogos comunistas de probar que China tiene por lo menos cinco mil años (lo cual no es así) y por consiguiente es más vieja que la India. El régimen cree que estos logros van a mantener feliz al pueblo chino.

La razón principal para dudar que el Leninismo comercial va a sobrevivir es simple: nunca ha sobrevivido antes. Y además su éxito no está únicamente en manos de la dirigencia china. Ellos han liberado fuerzas que les podrían negar sus objetivos. Por ejemplo, lograr la entrada en la Organización Mundial de Comercio es un paso muy complicado. Conforme los bancos americanos principien a dar préstamos a los chinos, en moneda china, a tasas diferentes de los bancos chinos comunistas, ¿cuáles serían los efectos? China ha prometido permitir a los bancos extranjeros que incrementen esta política; pero, ¿será que lo hará? ¿Y cómo van a manejar los bancos chinos el resultante cuadro de sus depósitos tremendamente reducidos? Otro factor a considerar: el año pasado, el 57% de las exportaciones de China fueron producidas por empresas mixtas, lo cual quiere decir que el dinero extranjero ha estado atrás de esta prosperidad. ¿Cuales serían las implicaciones de esto? ¿Será que continuaría la inversión extranjera a este alto nivel?

Hay algunas otras razones para dudar que el actual sistema vaya a durar. Desde que Pekín le ha dicho a su pueblo que el éxito económico es ahora la medida del éxito comunista, una severa recesión podría ser suficiente para acabarlos. Y no hay que olvidar que la pérdida del mercado americano, debida a cualquier ruptura Chino Americana, significaría la perdida del 30 % de las exportaciones de China, y que ello probablemente acabaría con el régimen. Finalmente, las libertades económica y política No fue por nada que Adam Smith escribió sus ideas acerca de la economía libre como un sistema de libertad natural; o que Friedrich Hayek haya intitulado su libro acerca de la futilidad de la planificación económica centralizada, El Camino de la Servidumbre. ¿Cuales son las razones para creer que la China se va a transformar en una democracia? Hay algunos signos esperanzadores: otros antiguos estados Leninistas han adoptado alguna forma de democracia. De hecho y contra las predicciones de muchos, la democracia se ha arraigado también en partes de la civilización china, en Taiwán; y hasta cierto punto, en Hong Kong. Tampoco es esto sin precedentes. Hubo algunos parpadeos democráticos en la China, en los principios del siglo XX; pero ellos fueron aplastados por el militarismo y por la Segunda Guerra chinojaponesa. Ciertas condiciones previas a la democracia existen en China: uno puede comprar una casa (aunque no la tierra sobre la cual se edificó); la educación se encuentra en niveles respetables; hay una diversificación limitada de la información; y los profesionales, tales como los abogados y los periodistas están presionando para conseguir autonomía.

Sin embargo varios factores se oponen a una transición hacia la democracia. El interior rural de la China es un mundo aparte de la nueva economía en la costa este urbana de la China. Un respeto arraigado por la jerarquía domina a la sociedad. Se han tratado de llevar a cabo elecciones en los pueblos, pero la gente a menudo no vota por lo que ellos quieren, sino más bien votan como el secretario de partido comunista o como les digan los tenedores del poder del clan. Además, es muy difícil imaginarse una democracia nacional en China. Por ejemplo, un intento de fundar un partido de agricultores en la China los llevaría a tener muchos partidos de agricultores en las 28 provincias (algunas de las cuales tienen más de 100 millones de habitantes). El pluralismo político traería una asombrosa y potencialmente peligrosa diversidad entre el pueblo chino, al cual el autoritarismo mantiene bajo control.

Otra barrera para lograr una democracia efectiva es el hecho que 250 millones de chinos son analfabetas, lo cual es medido por un bajísimo "Standard" del Gobierno que requiere el conocimiento de simplemente 400 caracteres chinos. Tampoco hay un lenguaje nacional que se hable entre ellos. A aquellos que hablan Mandarín no se les entiende en el sur de China; el cantonés del sur de China es tan diferente del mandarín como lo es el sueco del inglés. Lenguas, que no son chinas dominan la mitad occidental de China: lenguas turcas al oeste, Tibetanas al sureste, Mongoles en el noroeste. En suma, un intento de democracia en China podría producir inicialmente una confusión total; y muchos brillantes burócratas chinos saben que eso es verdad.

¿Cual es la posibilidad de fractura de la China en varios pedazos? El problema de gobernabilidad adquiere grandes proporciones. Simplemente, tomemos la población de los Estados Unidos, agreguémosle, Rusia, Indonesia, Japón, Brasil y toda la Europa Oeste y esto se quedaría corto de la población de China de 1.3 billones. Históricamente, la mitad occidental del país no es China de total. Durante varios períodos ha sido un Reino Tibetano, parte de Mongolia y de un estado turco conectado con lo que ahora conocemos como Asia Central. El desarrollo económico en el Tibet y en el oeste musulmán podrían envalentonar a estas minorías: los teléfonos celulares les facilitaría a ellos organizarse; los boletos de avión a la Meca les llegan a los devotos musulmanes. Ciertamente, los dirigentes chinos han hablado muchas veces entre ellos mismos acerca de los peligros de una guerra civil o una fractura del país. ¿Que es lo que mitigaría contra el peligro de fractura? El más importante factor es el hecho que la población es un 92% china. En contraste, la Unión Soviética era únicamente en un 50% de origen ruso. Además, China ha experimentado falta de unidad en el pasado y tanto su pueblo, así como su gobierno, están más preocupados acerca de la falta de unidad que lo que es verdad en la mayoría de otros países.

¿Cómo y porqué podría cambiar el sistema político? Tendría que haber un detonador en la forma de una crisis en por lo menos dos de tres áreas: la sociedad general, la dirección del partido comunista y las relaciones internacionales. El actual régimen ha durado tanto como ha durado porque no ha tenido ninguna de esas crisis en décadas. La sociedad china podría experimentar una crisis debido al resurgimiento religioso, sustancial y cambiante o debido a un indudable alto nivel de falta de satisfacción de los granjeros. Pero aún dando por sentado que habría un alzamiento social, no hay una fisura en la cumbre del partido comunista en este momento, ni tampoco hay amenaza de un reto grave internacional cercano. Esto no quiere decir que no haya habido tremendos quebrantamientos en el partido en el pasado: Cuando Mao murió en 1976, su viuda trató de sucederle; pero también lo quiso hacer Deng Xiaoping quien se encontraba bajo arresto domiciliario. Mientras tanto el politburo se partió más o menos por la mitad. Dos golpes de estado se planearon y eventualmente Deng triunfó. El público chino no supo de ésta lucha hasta que esta había terminado. Si esta lucha por el poder hubiese ocurrido en el contexto de una turbulencia social y con un reto internacional, las cosas podrían haber resultado diferentes a finales de los años 70.

Sin embargo si los militares, quienes no son amigos de los Estados Unidos, detonaran alguna clase de dislocación en las relaciones Chino Estadounidenses, entonces habría una interacción entre las tres esferas que ya he mencionado. La economía china (y por consiguiente la sociedad) podrían ser afectadas, y algunos miembros de la dirigencia china se opondrían a esta ruptura con Washington. Esto llevaría a una interacción entre una crisis internacional, turbulencia social y un mayor desacuerdo en la cúpula del gobierno chino. La confluencia de estos tres, o aun dos situaciones, casi seguramente causarían un cambio político. Yo no creo que el monopolio del partido comunista actualmente en el poder vaya a durar más allá de 20 años. Pero tampoco creo que la China se vaya a romper en varios pedazos. El propio partido comunista bien podría romperse, lo cual llevaría a una competencia política entre los diferentes pedazos. Yo creo que habría un orden político más libre bajo este cuadro de tiempo, pero no sería una democracia.

El papel de los Estados Unidos

Los Estados Unidos deberían hacer dos cosas principales al tratar con China: Primero, buscar un compromiso completo, especialmente con el sector privado de China. Segundo, tratar de preservar un equilibrio en el Este de Asia, que desaliente el expansionismo de Pekín. No existe contradicción entre estas dos políticas.

Oponerse al autoritarismo en principio y aun tratar de convivir con una China emergente, es una contradicción con la que podemos y debemos vivir. El surgimiento de la China debe ser bienvenido de muchas maneras. Es un mercado para nuestros productos. Es culturalmente enriquecedor para China y Estados Unidos interactuar. Lo que es más, si la China se rompiera en pedazos, ello beneficiaría más a Rusia y al Japón y no a los Estados Unidos. Lo que no sería bueno para nosotros es una China que siga creciendo, pero que también siga siendo una dictadura con reclamaciones territoriales sin fin, —incluyendo partes de Siberia y muchas otras islas al sur, alcanzando Indonesia, trasformando en vasallo a Burma amenazando al Tibet, reprimiendo la religión, arrestando a la gente por lo que escriben en el Internet y metiendo a la cárcel a los dirigentes pro democráticos. Esta clase de China, si todavía existiere dentro de 20 años, no sería estable ni tampoco amigable a los Estados Unidos. Queremos una relación de acomodamiento con la China, si la podemos tener. Pero, debido a la naturaleza política de la China el mañana nos es desconocido. Tenemos que comprometemos por completo, pero manteniéndonos fuertes nosotros y nuestros aliados. Los Estados Unidos no deben permitir que la China se vuelva el poder número uno en el mundo; y ciertamente, el Presidente Bush ha dado la bienvenida a la nueva afirmación japonesa y le ha extendido la mano a la India, precisamente para señalar esa instancia.

Claro, algunas gentes son tan hostiles al Presidente Bush y —también a los Estados Unidos — que ellos esperan que la China se convierta en la principal fuerza mundial. Muchos creen que ya no somos acreedores a ese título. Por supuesto esto se ha dicho antes. Se dijo después de nuestra retirada de Vietnam. Pero, en los cinco años subsiguientes, elegimos a Ronald Reagan, quien no pensó que nosotros no fuéramos merecedores del primer lugar. Se predijo, en el año 1980, cuando Japón estaba supuesto a llegar a ser la economía mundial número uno. Paul Kennedy, en su muy aclamado libro the "Rise and Fall of the Great Powers", dijo que estábamos sufriendo de una "sobrestimada meta imperial" y predijo que caeríamos. Bueno, los que cayeron no fueron los Estados Unidos, sino la Unión Soviética; y aquí no hay ninguna comparación entre la economía de hoy de los Estados Unidos y la del Japón. Algunos dijeron que el colapso de la Unión Soviética tendría o daría fin a cualquier necesidad de los Estados Unidos por mantener una fuerza global. Pero esto nunca ocurrió y no parece haber signos de que así será.

Por supuesto China estaría llenando el vacío si los Estados Unidos dejarán en algún momento a Asia Oriental. Pero de otro modo, el surgimiento de China sería limitado. Los dirigentes chinos —que no son gente imprudente — pueden contar los números. Ellos observaron la guerra del Golfo y se dieron cuenta de nuestra tecnología militar. Yo creo que ellos están concientes de la enorme distancia entre el poder de los Estados Unidos y el de ellos mismos. Sin embargo a veces me preocupa que una China autoritaria tenga una ventaja sobre los Estados Unidos. China puede tomar el enfoque a largo plazo, escondiendo sus verdaderos propósitos; puede mover los hilos de la opinión pública entre los chinos; puede establecer la agenda de las organizaciones internacionales, con la vista puesta en debilitar el desarrollo de los Estados Unidos, mientras ellos no hagan nada por implementar las políticas resultantes. La China tiene acceso a una sociedad americana abierta, que en muchísimo grado supera el acceso que tengamos nosotros a la sociedad China.

Pero en el análisis final, ninguna dictadura es fuerte si los Estados Unidos retienen la voluntad de oponerse contra ella, como lo hicimos en el caso de la Unión Soviética. El lapso de vida promedio de los regimenes Leninistas en Europa fue de 27 años. El régimen comunista chino ya lleva 57 años, y le faltan 17 años para alcanzar la vida que tuvo Unión Soviética. Deberíamos contestarles a los chinos cuando ellos pongan en duda nuestra sociedad abierta; y deberíamos abiertamente criticar la represión en la China. Y sobre todo, debemos seguir siendo un faro de libertad, con dignidad y paciencia, pero también con tenacidad y sin dar excusas.